El significado del sábado, desde el punto de vista de Dios
La siguiente pregunta lógica es: ¿Por qué razón el Dios todopoderoso, que obviamente no necesita descanso, apartó el séptimo día como su día especial de reposo? La respuesta bíblica a esa cuestión es que Dios separó ese día de sábado, ese día de reposo, para significar su obra perfecta y completa en la creación (Gén. 1:31; 2:1-3; Heb. 4:4). Ese hecho tiene una importancia capital para nuestra comprensión del evangelio.
Hemos de tener presente que ese sábado es el séptimo día de Dios, no el nuestro. Dios dedicó seis días para la creación de todo lo que es y tiene nuestro planeta. Entonces apartó (santificó) el séptimo día como su sabbath (Éx. 20:11). Adán y Eva fueron creados al final del sexto día (Gén. 1:26-31). Por lo tanto, el sábado (o séptimo día) de Dios, de hecho, para la raza humana fue el primer día completo de existencia. Veamos porqué es eso importante, especialmente al considerar el sábado a la luz de la redención en Cristo.
Dios obró seis días en la creación de este mundo. Solamente descansó cuando su obra fue perfecta y completa (Gén 2:1,3). Adán y Eva, por otro lado, no comenzaron obrando; dedicaron por entero su primer día de vida a reposar en el sábado de Dios. Solamente después que hubieron "entrado" en el reposo de Dios continuaron con los seis días de labor. El ser humano comenzó por recibir primeramente toda la obra de Dios como un don absolutamente gratuito. Solamente entonces pudo la humanidad disfrutar de la creación, en los restantes seis días de la semana.
Lo mismo que la creación, la salvación comienza, no haciendo algo, sino reposando en la obra perfecta y acabada de Jesús, realizada en su vida y en su muerte. Lo mismo que Adán y Eva dedicaron su primer día al reposo sabático, antes de emprender su actividad común, nosotros podemos disfrutar las bendiciones de la salvación solamente reposando primeramente en la perfecta justicia que Jesús ha provisto. Esa perspectiva muestra que el reposo del sábado viene a representar el fundamento mismo de la verdad gloriosa de la justicia por la fe.
Cuando Dios puso aparte (santificó) el sábado, entró en una relación de pacto eterno con la raza humana, una relación en la que el ser humano habría de depender siempre de Él. Así, cuando Adán y Eva pecaron, escogiendo depender de ellos mismos más bien que de Dios, rompieron ese pacto dado por Dios. Como resultado perdieron el verdadero descanso que el sábado simbolizaba. "Con el sudor de tu rostro comerás el pan" (Gén. 3:19). Pero Jesús vino a este mundo con el expreso propósito de restaurar ese reposo que la raza humana había perdido al caer en el pecado (Mat. 11:28). Haciendo tal cosa, restauró el significado del sábado. A fin de recibir las buenas nuevas de la salvación, hemos de retornar a ese principio fundamental del reposo sabático que fue dado a nuestros primeros padres.
El Nuevo Testamento aclara que Jesucristo fue el agente por medio del cual Dios llevó a cabo tanto la creación (Juan 1:3; Col. 1:16; Heb. 1:2,10) como la redención Juan 3:16, 17; Rom. 3:24; 1 Cor. 1:30; Gál. 3:13; Col. 1:14; Tito 2:14; Heb. 9:12; 1 Ped. 1:18; Apoc. 5:9). De la misma forma en que Cristo acabó la creación al final del sexto día y reposó el séptimo, acabó también la redención en la cruz en el sexto día y reposó en el sepulcro el séptimo día (Juan 17:4; 19:30).
Más aún, la obra de Cristo para la restauración, que será completa al final de su ministerio celestial (1 Cor. 15:24-26; Heb. 2:13), está también ligada al sábado (Isaías 66:22, 23). Su obra de restauración será una obra perfecta y completa, tanto como lo fueron la creación y la redención. Por lo tanto, el sábado tiene un triple significado para nosotros: creación, redención y restauración.
Dado que Cristo es nuestro Creador, Redentor y Restaurador, tiene el perfecto derecho a reclamar para sí el título de "Señor del sábado" (Mar. 2:28; Luc. 6:5; Apoc. 1:10). Cuando la nación judía lo rechazó como Mesías, su observancia del sábado perdió el significado. Es por ello que Hebreos dice: "Por lo tanto, queda un reposo [en el original escrito sabbatismos: reposo sabático] para el pueblo de Dios" (4:9). Toda observancia del sábado que no sea motivada por una respuesta de fe a la perfecta expiación efectuada por Cristo en la cruz, es falsificación, y pertenece todavía al antiguo pacto de salvación por las obras.
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